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ToggleLa inflación – definida como el aumento sostenido y generalizado de los precios – tiene un impacto significativo en la precisión y utilidad de los estados financieros de una empresa.
Cuando los precios suben, el poder adquisitivo del dinero cae, generando distorsiones en partidas contables medidas a costo histórico. En los últimos años, México vivió episodios inflacionarios importantes: la tasa anual cerró 2022 en 7.82 %, el nivel más alto para un cierre de año desde 2000. Aunque en 2025 la inflación retornó al rango meta del Banco de México (3 % ±1) al ubicarse en 3.69 % anual en diciembre, estos vaivenes han evidenciado la necesidad de ajustar la contabilidad para mantener estados financieros fidedignos.
Aquí analizamos cómo la inflación afecta las cifras financieras, los retos técnicos que enfrentan los contadores para mitigar esas distorsiones y los ajustes normativos vigentes en México (especialmente la Norma de Información Financiera B-10) para 2026.
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¿Cuál es el impacto de la inflación en Estados Financieros?
Para los contadores, un entorno inflacionario exige entender cómo la pérdida del poder adquisitivo distorsiona activos, pasivos, resultados e indicadores clave en la información financiera. Entre los efectos más relevantes de la inflación en los estados financieros se destacan:
1. Distorsión en la valoración de activos y pasivos
En contextos inflacionarios, los estados financieros basados en costos históricos pueden subvaluar los activos no monetarios y sobrevaluar los pasivos monetarios. Esto ocurre porque los primeros (terrenos, inmuebles, maquinaria, inventarios, etc.) se registran al costo de adquisición original y no reflejan el aumento de su valor de reposición, mientras que los pasivos monetarios (deudas, préstamos) mantienen su valor nominal a pesar de que su costo real disminuye con la inflación.
Por ejemplo, una maquinaria adquirida en 2020 por $1,000,000 MXN podría tener en 2025 un costo de reemplazo estimado de $1,300,000 MXN debido a la inflación acumulada, pero en libros seguiría figurando en $1,000,000. Lo mismo ocurre con propiedades o inventarios antiguos.
En contraste, un préstamo de $1,000,000 MXN contraído en 2020 sigue reportándose como $1,000,000 aunque su valor real a 2025 sea menor. Esta disparidad dificulta la comparabilidad de los estados financieros.
Comparación de valuación de activos (costo histórico vs. costo ajustado por inflación)
| Concepto | Costo histórico (2020) | Costo ajustado (2025) |
| Maquinaria | $1,000,000 MXN | $1,300,000 MXN |
| Terreno | $500,000 MXN | $750,000 MXN |
| Total Activos | $1,500,000 MXN | $2,050,000 MXN |
En este ejemplo ilustrativo, la actualización por inflación de 2020 a 2025 revela una subvaluación de $550,000 MXN en el total de activos si no se ajustan los valores.
Los pasivos monetarios, por otro lado, tienden a estar sobrestimados en términos reales dentro del balance, lo que puede exagerar el apalancamiento de la empresa. En suma, la inflación sin ajustar provoca que el balance presente una posición financiera distorsionada: activos infraestimados y deudas sobrestimadas.
2. Alteración de los resultados operativos
La inflación también puede generar ganancias o pérdidas “ficticias” en el estado de resultados debido al uso de cifras nominales. Dos efectos importantes son:
- Costo de ventas y método de valuación de inventarios: En un entorno inflacionario, el método PEPS (FIFO) subestima el costo de ventas (pues consume primero inventarios adquiridos a precios antiguos más bajos) y, por tanto, sobrestima la utilidad bruta. En cambio, el método UEPS (LIFO) reflejaría costos más actualizados, reduciendo la utilidad, pero este último no está permitido por las NIF/IFRS en México. Por ello, las empresas pueden mostrar utilidades mayores a las reales solo por efecto del método de valuación en inflación.
- Ingresos nominales vs. ingresos reales: Un crecimiento del 10 % en ventas de un año a otro podría no significar una mejora real si la inflación anual fue, por ejemplo, ~4 %. En términos reales, ese crecimiento podría equivaler apenas a ~6 % de aumento en volumen o poder adquisitivo. Es decir, parte del aumento de las ventas solo compensa la inflación y no representa un incremento en la capacidad económica. Por ejemplo, con inflación de 3.6 %, un alza nominal de 10 % en ingresos equivale aproximadamente a un crecimiento real de 6.4 %, no del 10 % completo.
En consecuencia, al evaluar el desempeño operativo conviene distinguir entre cifras nominales y reales. Utilidades contables crecientes pueden enmascarar una pérdida de margen real si los costos también subieron por la inflación. De igual forma, los gastos financieros pueden disminuir en términos reales si hay deuda a tasa fija pagada con pesos depreciados. Estos fenómenos complican el análisis de rentabilidad y eficiencia sin un ajuste adecuado.
3. Impacto en indicadores financieros clave
Los ratios financieros calculados bajo cifras históricas también pierden fiabilidad con inflación:
- Razón circulante (current ratio): En períodos inflacionarios, los activos circulantes (efectivo, cuentas por cobrar, inventarios) tienden a quedarse rezagados en valor respecto a los pasivos circulantes (cuentas por pagar, deudas de corto plazo), ya que el efectivo y las cuentas por cobrar pierden poder adquisitivo. Esto puede conducir a una razón circulante artificialmente baja. El negocio podría parecer menos líquido de lo que realmente es, porque sus activos corrientes están infravalorados en pesos constantes mientras sus pasivos corrientes reflejan deudas nominales no ajustadas.
- ROA (Rendimiento sobre activos): La combinación de utilidades infladas (por no reconocer costos actualizados) con activos totales subvaluados produce un Retorno sobre Activos mayor al real. La empresa aparenta ser más eficiente generando ganancias por cada peso invertido en activos, cuando en realidad parte de esa utilidad proviene de no contabilizar adecuadamente la depreciación inflacionaria de esos activos.
- ROE (Rendimiento sobre capital): De forma similar, el Retorno sobre Capital de los accionistas puede salir distorsionado. Si no se reexpresa el capital contable aportado (que en muchas empresas refleja inversiones históricas en pesos de mucho menor poder adquisitivo), el ROE resultante será excesivamente alto. Las utilidades del ejercicio están medidas en pesos “fuertes” actuales, mientras que el capital (denominador) permanece en pesos del pasado. Esto engaña a los inversionistas mostrando rentabilidades porcentuales atractivas que no necesariamente corresponden con la realidad económica.
En resumen, ignorar la inflación puede llevar a conclusiones equivocadas sobre la situación financiera: liquidez aparente menor, márgenes inflados y rentabilidades sobrestimadas. Por ello, en entornos inflacionarios es crucial re-analizar los estados financieros en términos reales o ajustar las cifras para reflejar un poder adquisitivo constante.
Retos técnicos y ajustes normativos: NIF B-10 y reexpresión por inflación
Dada la potencial distorsión mencionada, las normas contables en México prevén mecanismos para ajustar por inflación en los estados financieros. La Norma de Información Financiera B-10 “Efectos de la inflación” establece los criterios para reexpresar la información financiera cuando la inflación alcanza niveles considerados relevantes. Desde 2008, la economía mexicana ha sido tratada como entorno “no inflacionario” para propósitos contables, pero ¿qué sucede si la inflación se dispara nuevamente? A continuación, exploramos los retos técnicos y ajustes normativos clave:
Entorno inflacionario vs. no inflacionario:
La NIF B-10 define que un entorno económico inflacionario existe cuando la inflación acumulada de los tres años previos es igual o superior al 26 %. Si la suma de las inflaciones de 36 meses < 26 %, se considera entorno no inflacionario y no se requiere reexpresar cifras. Este parámetro difiere del contexto IFRS internacional: la norma IAS 29 de NIIF solo exige ajustes en economías hiperinflacionarias, sin fijar umbral preciso, aunque en la práctica suele tomarse como referencia una inflación acumulada cercana al 100 % en tres años. Es decir, México adoptó un criterio más estricto (26 %) para proteger la calidad de la información financiera incluso con inflaciones moderadas de un dígito alto.
Reexpresión obligatoria de estados financieros
Si México entrase de nuevo en entorno inflacionario (≥26% en 3 años), la NIF B-10 obligaría a reexpresar todos los estados financieros a unidades monetarias de poder adquisitivo constante. Esto implica ajustar en el balance general todas las partidas no monetarias (activos fijos, inventarios, capital contable, etc.) por factores de inflación adecuados (por ejemplo, utilizando el Índice Nacional de Precios al Consumidor, INPC).
También se deben reexpresar los ingresos, costos y gastos del estado de resultados para eliminar ganancias o pérdidas nominales. Un reto técnico enorme es que, dado que desde 2008 no se aplican ajustes por inflación, una reconexión inflacionaria exigiría ajustar retroactivamente desde la última fecha en que se reconocieron efectos inflacionarios (diciembre de 2007) hasta la fecha de cambio de entorno.
Según la propia NIF B-10 y NIF B-1 (Cambios contables y correcciones de errores), habría que reexpresar en forma retrospectiva las cifras de años anteriores para hacer comparables los estados financieros. Esto presenta un desafío técnico formidable: requeriría recrear los factores de ajuste para más de una década de datos, recopilando índices históricos y recalculando valores de activos y capital año por año. Las empresas tendrían que dedicar recursos significativos a esta labor de contabilidad forense para poner al día sus cifras históricas.
Resultado por posición monetaria (REPOMO)
Junto con la reexpresión de partidas no monetarias, la contabilidad inflacionaria reconoce el efecto de la inflación sobre las partidas monetarias netas de la empresa. A este impacto se le denomina Resultado por Posición Monetaria (REPOMO). El REPOMO refleja la pérdida o ganancia que sufre una empresa por mantener activos o pasivos monetarios durante un periodo inflacionario. Conceptualmente, si la empresa tiene más activos monetarios (efectivo, cuentas por cobrar) que pasivos monetarios, la inflación le genera una pérdida, pues el valor real de su efectivo y derechos disminuye. Por el contrario, si posee más pasivos monetarios (deuda, cuentas por pagar) que activos monetarios, la inflación le produce una ganancia, ya que podrá liquidar obligaciones en pesos de menor poder adquisitivo.
La fórmula básica del REPOMO para un intervalo es:

Por ejemplo, supongamos al inicio del mes una empresa con $500,000 MXN en efectivo (activo monetario) y un préstamo de $1,000,000 MXN (pasivo monetario), en un mes donde la inflación fue 0.30%. Su posición monetaria neta es de –$500,000 (tiene más pasivos que activos). Aplicando la fórmula:

El resultado es –$1,500 MXN, lo que indica una pérdida neta por posición monetaria. ¿Por qué pérdida si la empresa tenía más deudas que efectivo? Porque desde la óptica del activo neto, la inflación erosionó el valor de su efectivo más de lo que “benefició” a la deuda en ese mes, arrojando un efecto negativo neto. Sin embargo, también puede interpretarse que la empresa obtuvo una ganancia financiera implícita por deuda (pagará sus créditos con pesos más “baratos”), pero en contabilidad ese beneficio se presenta reduciendo el valor de sus activos monetarios, de allí el signo negativo en el REPOMO.
En la práctica, al cierre del período la empresa reexpresaría su efectivo a $498,500 (500,000 – 1,500) y reconocería $1,500 como gasto por pérdida monetaria, reflejando que en términos reales ahora puede comprar menos bienes con su disponible. Paralelamente, si hubiera reexpresión de deudas, esta implicaría una ganancia que compensaría en parte la pérdida.
En resumen, el REPOMO permite cuantificar el efecto neto de la inflación sobre partidas monetarias y se presenta en el estado de resultados (generalmente dentro del rubro de resultados por financiamiento).
Ajuste fiscal por inflación vs. contable
Cabe mencionar que, independientemente de la aplicación contable de la NIF B-10, en México existe un ajuste anual por inflación fiscal (Ley del ISR) que siempre se calcula, incluso en entornos de inflación moderada. Este cálculo, similar al REPOMO, determina una ganancia o pérdida por posición monetaria neta que afecta la base imponible.
No obstante, este es un requerimiento tributario y no implica que las cifras del balance general contable se actualicen; es un ajuste extra-contable. Aun así, su existencia subraya la relevancia de considerar la inflación en la salud financiera de la empresa. En períodos de alta inflación, el ajuste fiscal puede mitigar la carga tributaria (al reconocer pérdida inflacionaria cuando hay más activos monetarios) o incrementar la utilidad fiscal (si hay ganancia inflacionaria por mayor deuda).
En síntesis, los retos técnicos ante un repunte inflacionario incluyen recopilar índices (INEGI publica el INPC mensualmente), reexpresar múltiples rubros contables y comprender el impacto integral en los estados financieros. Los ajustes normativos previstos por la NIF B-10 sirven de guía, pero su aplicación conlleva trabajo complejo después de años de “desconexión” inflacionaria. Afortunadamente, el panorama actual muestra una tendencia descendente de la inflación en México. Incluso, el Banco de México proyecta que la inflación general convergerá hacia la meta del 3% alrededor del tercer trimestre de 2026. Esto sugiere que es poco probable que se reactive la contabilidad inflacionaria obligatoria en el corto plazo si dichas proyecciones se cumplen.
No obstante, las empresas y los profesionales contables deben estar preparados para distintos escenarios, especialmente ante shocks inflacionarios externos o internos que pudieran elevar la inflación nuevamente por encima del umbral del 26%. La lección de los años recientes es clara: la disciplina en la información financiera no debe relajarse, aun cuando la inflación parezca bajo control.
¿Cuáles son las recomendaciones prácticas para mitigar los efectos de la inflación?
Para enfrentar eficazmente la inflación en la contabilidad, los expertos recomiendan una combinación de rigurosas prácticas técnicas y apoyo en herramientas modernas. A continuación, se presentan algunas recomendaciones clave:
- Actualizar valuaciones de forma periódica: No esperar al cierre anual – realizar reexpresiones internas trimestrales o semestrales de las principales cuentas puede brindar una mejor perspectiva. Utilice el INPC publicado por el INEGI como factor de ajuste para reexpresar activos fijos, inventarios y capital contable en unidades de poder adquisitivo constante. Esto permite identificar tempranamente distorsiones y tomar decisiones (por ejemplo: ajustar precios, renegociar deudas) con datos más reales. Además, preparar estados financieros proforma ajustados por inflación facilita estar listo en caso de que la reexpresión se torne obligatoria nuevamente.
- Apoyarse en software contable especializado: Hoy existen soluciones tecnológicas que facilitan enormemente los ajustes por inflación. Por ejemplo, herramientas en la nube como Alegra permiten automatizar cálculos de reexpresión y generar reportes financieros ajustados en pocos pasos. Un software contable moderno puede actualizar valores de activos con índices oficiales, recalcular depreciaciones y ajustar asientos contables sin esfuerzo manual, reduciendo el riesgo de errores.
Además, plataformas como Alegra integran la gestión contable con facturación, inventarios y otras operaciones, lo que ayuda a mantener la información consistente y siempre al día. Al delegar tareas repetitivas al software, el contador puede enfocarse en análisis de negocio y estrategia, agregando más valor a la empresa.
En conclusión, la inflación en 2026 sigue siendo un factor a gestionar cuidadosamente en las finanzas empresariales, aunque recientemente haya dado un respiro. Los profesionales contables en México deben combinar el rigor técnico (aplicando correctamente las NIF, como la B-10) con el uso de herramientas digitales inteligentes para mitigar las distorsiones que la inflación causa en los estados financieros. Con la inflación acercándose a niveles objetivo, puede tentarnos la complacencia; sin embargo, la experiencia ha demostrado que la estabilidad de precios no está garantizada.
Por ello, la preparación profesional y tecnológica seguirá siendo vital para navegar por escenarios de incertidumbre económica. Unos estados financieros ajustados y bien analizados aseguran que tanto dueños, inversionistas como autoridades tengan una imagen realista de la situación financiera, protegiendo la toma de decisiones y el cumplimiento de obligaciones en cualquier entorno de precios.
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